Ya sabemos que la Iglesia está sufriendo mucho. Ahora apuntan al Papa en la prensa amarillista tomando como pretexto los reales abusos y escándalos de ALGUNOS consagrados en ALGUNAS partes, pero también hay que pensar en que esos pecadores para la justicia divina y delincuentes para la justicia humana son nuestros hermanos caídos ¡muy abajo! pero que pertenecen a una categoría especialísma: son sacerdotes y lo serán para siempre (in aeternum).
Han pecado en temas muy graves, han hecho un daño inconmesurable a la Iglesia y a los que por su mal ejemplo quedarán fuera de ella y quizás se condenen. Pertenecen a aquellos a los que el Señor ha dicho:
«Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Pecadores y todo son nuestros hermanos que en algún momento tuvieron la generosidad suficiente como para desear entregar su vida completa al servicio de la Iglesia y sus miembros que somos nosotros, y cayeron muy bajo. Ahora deben cumplir sus penas en la tierra, que ya Dios sabrá hacer cumplir su justicia, pero me pregunto:
¿Se podrá limpiar a fondo si sólo hay castigo para los que cayeron? Si se acusan voluntariamente, sus superiores tienen el deber de denunciarlos a la justicia terrenal, pero ¿habrá para ellos alguna instancia para reinsertarlos en la sociedad cuando salgan de la bien merecida prisión? ¿Adonde podrían ir? No tienen familia propia, no tienen hijos en la mayoría de los casos, o al menos algunos que los pudieran reconocer como padres. Sólo pueden esperar que los apunten con el dedo y los desprecien. Casi todos sólo tienen estudios eclesiásticos que de poco les servirán en la sociedad civil, menos aún con sus antecedentes manchados de ese modo. ¡Olvídense de ser educadores y tratar con niños!
Por otro lado estas desviaciones (si son homosexuales y/o pederastas) o aficiones (en caso de ser heterosexuales y/o pedófilos practicantes) son verdaderas adicciones y por lo tanto requieren terapias. Si ellos quisieran salir del hoyo solicitándolas y no hay más que el infierno en la tierra en su futuro ¿se atreverán a pedirlas?
Pienso que debe haber (o si no debiera haber) alguna institución que los ayude una vez pagada su culpa con la sociedad, para tener más posibilidades de ir limpiando la cara de la Santa Madre Iglesia de estas "espinillas purulentas" que le han dejado sus hijos más representativos como son los consagrados.



