26 enero, 2006

Levantar las manos


La experesión "levantar las manos " es frecuentísima para expresar la oración en la Biblia, y lo encuentro un gesto precioso pues indica las ansias de cercanía, de "tocar a Dios" que lleva el hombre dentro de sí reconociendo su miseria, su indigencia: es la actitud del mendigo, más aún si está tirado en el suelo por sus vicios o sus males; ¡pero también de confianza! como un niño ante el peligro, que aunque sea por su propia culpa, lo primero que se le ocurre es estirar sus bracitos para que el padre lo recoja y lo ampare ¡alto alto! donde se siente seguro, refugiado en esos brazos fuertes y poderosos que además lo aman, no lo oprimen ni lo asfixian.



También se levantan las manos con terror, con miedo, como este jovencito adolescente- que por razones y en algún lugar que desconozco- debió levantar sus extremidades con humillación, con el peligro pintado en sus negras pupilas. ¿Quién está al frente? no es su padre, seguro.



Las manos en alto es la actitud del triunfador, del que desea destacar por sobre la estatura propia en un momento de gozo, que puede ser muy legítimo, como es ganar un desafío a la naturaleza, o vencerse a si mismo.

También puede ser muy soberbio si se hace ese gesto de superación por haber ganado a un rival en mala lid. Es tremendo, y me cuesta aceptarlo hasta en asuntos deportivos.

Por último, la actitud occidental de las manos unidas en oración me habla por si misma de concentración, de humildad, pues junto con unirlas generalmente bajamos la cabeza y hasta las apretamos con vehemencia por la urgente necesidad de ser atendidos o por énfasis con que hablamos con Dios. Les dejo esta imagen decidora: