Los sacrificios se encuentran en todas las religiones. Sus expresiones son múltiples. Ejs: Ayunos por Ramadán para los islamistas; tatuajes rituales; ofrendas de Caín y Abel, etc. Se ha llegado a horrores, lamentablemente, pero es un sentir muy humano esto de ofrecer sacrificios; por algo será.
El duelo y penitencia solía ser algo externo, como vemos en el ejemplo del antiguo Israel, con sus vestimentas de saco y cenizas en el pelo, degarros de ropa y ayunos muy llamativos.
Jesús lo cambió haciéndolo interno, secreto, ("tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará"). El mismo Verbo encarnado nos dio ejemplo de ésto al retirarse al desierto donde fue tentado luego del largo período de mortificaciones y ayuno.Así como nos enseñó a que la limosna fuera discreta, sin cacareos, también debe serlo si hacemos cosas como postergar un vaso de agua o el uso de un cilicio, de tan larga tradición, que enlaza con el saco de los judíos. ¿De qué se extrañarán?
Más discreción será necesaria si nos mortificamos corporalmente por dominar nuestras pasiones, pues hasta en ésto se nos puede meter la soberbia. Debe ser un "secreto" entre el Padre y nosotros, con la excepción de un sabio director espiritual que modere estas expresiones, ya sea aumentándolas o lo contrario.
La ostentación en la oración, limosna, mortificación, servicio al prójimo, etc, NO ES CRISTIANO, por lo tanto la discreción en estos temas no es por secretismo, sino por pudor, por prudencia, para defender nuestra intimidad en temas entre nuestro Padre Dios y nosotros. No lo escondemos como cosa de iniciados esotéricos sino por un amor más perfecto al ser ignorado por los hombres. Si se conoce, es a pesar de nosotros. Al menos esa es la idea. Los que hurgan en estos temas tan privados lo hacen más por morbo que por otra cosa.

