Mostrando entradas con la etiqueta De mi oración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta De mi oración. Mostrar todas las entradas

20 febrero, 2011

Cilicios y mortificación corporal voluntaria. Mis reflexiones


Los sacrificios se encuentran en todas las religiones. Sus expresiones son múltiples. Ejs: Ayunos por Ramadán para los islamistas; tatuajes rituales; ofrendas de Caín y Abel, etc. Se ha llegado a horrores,  lamentablemente, pero es un sentir muy humano esto de ofrecer sacrificios; por algo será.

El duelo y penitencia solía ser algo externo, como vemos en el ejemplo del antiguo Israel, con sus vestimentas de saco y cenizas en el pelo, degarros de ropa y ayunos muy llamativos.

Jesús lo cambió haciéndolo interno, secreto, ("tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará"). El mismo Verbo encarnado nos dio ejemplo de ésto al retirarse al desierto donde fue tentado luego del largo período de mortificaciones y ayuno.Así como nos enseñó a que la limosna fuera discreta, sin cacareos, también debe serlo si hacemos cosas como postergar un vaso de agua o el uso de un cilicio, de tan larga tradición, que enlaza con el saco de los judíos. ¿De qué se extrañarán?

Más discreción será necesaria si nos mortificamos corporalmente por dominar nuestras pasiones, pues hasta en ésto se nos puede meter la soberbia. Debe ser un "secreto" entre el Padre y nosotros, con la excepción de un sabio director espiritual que modere estas expresiones, ya sea aumentándolas o lo contrario.

La ostentación en la oración, limosna, mortificación, servicio al prójimo, etc, NO ES CRISTIANO, por lo tanto la discreción en estos temas no es por secretismo, sino por pudor, por prudencia, para defender nuestra intimidad en temas entre nuestro Padre Dios y nosotros. No lo escondemos como cosa de iniciados esotéricos sino por un amor más perfecto al ser ignorado por los hombres. Si se conoce, es a pesar de nosotros. Al menos esa es la idea. Los que hurgan en estos temas tan privados lo hacen más por morbo que por otra cosa.




05 agosto, 2010

¿Y si hubieran reglado sus naranjas y sus dátiles?


Estos últimos días hemos meditado sobre la multiplicación de los panes  (San Mateo14,13 ss) en que el Señor mandó a los discípulos a darles de comer a ese montón de gente que lo siguieron fuera de sus ciudades y a pie, teóricamente sin vituallas para pasar el día. No les importó nada más que estar con él y Jesús no sólo les curó los enfermos, también los alimentó muy bien, ¡y le sobraron doce cestas que no se desperdiciaron, por lo visto!

Para hacer el milagro, aparecieron apenas cinco panes y dos peces, y no me vengan con cuentos de que nadie tenía cosas guardadas en el fondo de sus zurrones de pastores, pero no lo dieron..... tamaños ojos habrán abierto cuando vieron el milagro, tan grande que los cuatro evangelistas lo consignaron pues fue muy impresionante. 

Algún avispado -pero rezagado en generosidad- pudo pensar:  ¿Y si hubiese regalado mis naranjas y mis dátiles? ¡Hasta postre hubiera habido! Es que el Señor no se queda corto en generosidad. Todo lo devuelve multiplicado. Para pensarlo muy en serio.




01 agosto, 2010

Señor, me has mirado a los ojos....


....Sonriendo, has dicho mi nombre....

Algunas  veces Dios permite que mi oración se base sólo en contemplar una imagen. Me ha pasado con esta del rostro del cuadro de la Divina Misericordia que  un artista hiciera con las instrucciones de santa María Faustina Kowalska. Ella, al igual que sucedió con los pastorcitos de Fátima, nunca quedó conforme con el resultado. No era como el Jesús que ella vio, pero es lo que hay, y para mi ha sido suficiente.

Te sugiero, que si es es tu camino y si Dios te lo da como me pasó a mí, mirarlo a los ojos.....más bien dejar que te mire, pues te está mirando de verdad..... sácate las caretas que te pones para ti mismo; Jesús ve debajo de ellas y nos conoce mejor que nosotros. Déjate traspasar por sus ojos bondadosos y dolidos que muestra ahí. Déjate amar.

Como ves, ante el Señor la única actitud es "encomendar tus caminos al Señor, confía en Él, y Él obrará" (cfr salmo 37, 5) 

Por algo, la jaculatoria de la Divina Misericordia es: 
"Jesús, yo confío en ti"