Un buen trozo de Chile está en el suelo. No todo y no se asuste nadie, que éste es un país muy largo y con gente muy experimentada en reconstrucciones. Levantamos; se nos cae, ¡volvemos a levantar una y mil veces! Somos duros, entrenados en el dolor y el esfuerzo. Cómo será que hasta hace poco el Ministerio de Economía y Fomento se llamaba además de "RECONSTRUCCIÓN". Justo cuando se les ocurrió sacarle ese nombrecito, ¡hay que rehacer muchas cosas de nuevo! Debieron dejarlo.
Mi segundo sismo -junto con el otro- tiene que ver con la orquestación de los medios para enlodar a TODA la Iglesia Católica. Hay quienes se lo merecen, claro; se ha pecado, se ha ofendido a Dios, y se ha hecho un daño enorme a personas y a la Iglesia que fundó el Hijo de Dios, pero de ahí a condenar a cuanto clérigo exista, aunque sea honesto o aunque a algunos acusados no se les haya comprobado nada de los cargos que les han caído encima hay un abismo.
En mi país y en mi Iglesia ha habido cataclismos, los daños son enormes y están por doquier, pero yo hago un paralelo lleno de esperanza. Hay que identificar los edificios realmente dañados, con fallas estructurales, pues es fácil demoler y cuando los daños son aparentes o menores es posible reparar, ajustar, mejorar, prevenir.... si te equivocas en el diagnóstico, liquidas el patrimonio histórico, arquitectónico de la Nación. Y ha pasado. Está pasando. No es justo. Es caro y pasarán décadas antes de recuperarlo.
En mis dos temblores de grandes proporciones que sufro hoy, las cosas se levantarán de nuevo, y quedarán más firmes, más bellas, más cuidadas y estudiadas para que no fallen y soporten las ondulaciones destructivas de la tierra o de los hombres. En los edificios físicos habrá normativas más estrictas y dentro de la SANTA Iglesia también. Las puertas del infierno no prevalecerán. Dios vive en su Iglesia y todo lo puede.
No hay que confundir el trigo con la cizaña.