
Contemplo mucho, y bastante seguido la Pasión de Nuestro Señor, y si me siento deprimida por alguna contrariedad o problema objetivamente más grave, pienso en estas escenas y lo mío pasa a ser nada, y ya puedo ofrecer mis pequeñeces con más paz.
Entre estas meditaciones mías, es recurrente pensar en que crucificados hubo muchos, pero no con la perfección humana de Jesús, así es que debió oler con el más estupendo y refinado olfato lo podrido de los trozos de ejecutados en el Gólgota antes que Él, por poner un sólo ejemplo. Los azotes debieron dolerle más que a los comunes condenados, entre otros motivos, porque deseaba salvarnos por el sacrificio, el dolor, la mortificación, y "la bebió hasta las heces". No se ahorró nada de dolor físico.
Pero ¿qué me dicen del dolor moral? ¿Del dolor de su Espíritu?
Más que la crucifixión, la injusticia y todo lo que rodeó su pasión, debe haberlo hecho sudar sangre
el ver en bloque los pecados de todos los hombres de todos los tiempos.Sí,
Él debió dolerse por todo lo que no nos dolemos nosotros, por nuestros pecados personales que consideramos faltas pequeñas, por lo tanto los olvidamos pronto , caemos a cada rato en lo mismo, no luchamos en serio.
Por todos debió dolerse Jesucristo, pues vicariamente _en lugar nuestro_ , pagó la deuda infinita de toda la Humanidad y ya sabemos que son el arrepentimiento y el dolor de pecar lo que perdona las faltas. Teniendo eso, la confesión viene siendo casi un trámite. Es sacramento, es obligación de amor por ese regalo que nos dejó el Señor,
para estar seguros nosotros del perdón, pero de nada valdría sin dolor, y eso es lo que Él suplió con creces en ese huerto, esa noche en que se abrieron las puertas del Cielo para nosotros.
Los grandes pecados que son más fáciles de detectar si no estamos encallecidos aún, por lo tanto suelen expiarse y dolernos mucho más perfectamente, y creo que de ahí viene algo de aquello de que "(...)
se le han perdonado muchos pecados, pues ha amado mucho. En cambio, aquél a quien se perdona menos, ama menos", claro, pecamos menos y nos podemos considerar "buenecitos", ¡sobre el promedio al menos! y lo cierto es que nos falta humildad.
¿Cuánta soberbia hay entre los que tratamos de portarnos bien y pensamos así?
Gotas de la sangre de Dios derramada en Getsemaní por MÍ, y por cada uno de nosotros, gratuitamente, pero no obligados, ni Cristo a hacerla, ni nosotros a aprovechar la Redención.
Qué cosa tan triste: que podamos hacer inútil la cruz de Cristo, como decia el amado Juan Pablo II en ésta oración:
«María, Madre de Misericordia, cuida de todos para que no se haga inútil la cruz de Cristo, para que el hombre no pierda el camino del bien, no se pierda la conciencia del pecado y crezca en la esperanza de Dios» (Veritatis Splendor 120)