22 julio, 2006

Pablo Castillo Pinto, pescador, como los Doce.


Hay un remoto lugar en Chile que posee una ermita pequeña, ingenua y muy maltratada por vándalos profanadores que no puedo juzgar si por maldad o por "simpáticos", pero lo concreto es que demasiadas veces la hemos encontrado quemada, quebrada y sucia por lo menos, pero igual hay gente que la ama, la protege y la conserva con todos los medios disponibles. Habiendo personas ahí, nunca falta una vela en la oscura noche iluminando la ladera del cerro en que está embutida su rústica ornacina que mira al Pacífico.

Nosotros hacemos romerías ahí cuando podemos pues está dedicada a la Virgen del Carmen, "Reina y Patrona de Chile" como la nombró inspiradamente nuestro Padre de la Patria, don Bernardo O`Higgins Riquelme. Siempre me ilusiona que algún barco pesquero u otros vean esa lucecita temblorosa como la fe, pero ardiendo, como incoando santidad.

Fue obra de un modesto pescador, llamado Pablo Castillo Pinto, muerto y enterrado en el puerto de Los Vilos, IV región de Coquimbo, Chile, a quién dedico este post por todo el bien que ha hecho desde el año 1968 en que dejó como recuerdo de su paso por esa caleta esta obra de sus manos y su amor a la Madre de Dios.



Como ven, la imagen está destrozada _y varias veces reparada_ pero esta vez el niño está sin cabeza. el único homenaje son esas flores de plástico y unas velas. ¡Cuánto alegrarían al Niño y su Madre!

11 julio, 2006

Completando mi parábola.

Les había puesto una "parábola" muy simple de cosas que se me ocurren en mis cavilaciones sobre cualquier tema. Tal como sospechaba, ha habido sólo uno que recogiera el guante y la completara: fue el ocupado José Menchón el de la respuesta. Gracias.


Bueno yo diré lo que se me ocurre a mí.

El burro está libre y puede hacer lo que desea, pero no aprovecha su independencia por añorar algo que lo llama , que no reconoce pues es un deseo inconsciente: es la felicidad completa del cielo representada en el pasto verde del vecino. Anhelo de infinito.

¿Qué lo detiene? solamente una valla y la vista de una soga que ata al caballo, que por lo demás está feliz y ni la recuerda, pues es larga y es la condición para gozar del verde, tierno y fresco pasto que es su delicia.

Yo lo traigo, como todo, al plano humano y en este blog, obvio, al plano sobrenaural en que me muevo, y veo en el burro a esas personas que nos rodean que desean gustar los frescos prados y las frescas aguas que el Pastor nos tiene reservados, pero el apego a la mediocridad en que se mueven por no soportar la suave soga o el yugo liviano del Señor, hace que desperdicien talentos por darse vueltas en lo baldío sin norte alguno.

El caballo atado, lógico, representa a las personas que se dejan guiar por la ley de Dios y pueden descansar en su reino con la condición de ser obedientes a sus mandatos. Es una soga que no aprieta.

¿Y la valla? Esa es la que los cristianos debemos demoler para que nadie se quede sin probar las delicias del reino de Dios ya en la tierra. Es la valla es la de los prejuicios, la ignorancia, los vicios acariciados y el pecado poco detestado. En una palabra lo que nos separa del Señor y de sus promesas.

Yo no estaría haciendo el loco tan feliz si muchos no hubiesen cogido sus picotas para demoler en mí la valla que me separaba de la abundancia que disfruto; ahora me toca a mí intentar hacer caer los muros grandes o pequeños de los demás para llegar hasta donde no han soñado.


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Parábola para completar

07 julio, 2006

"El caballo y el burro" : Parábola para completar.


Hace un tiempo, estuve en un retiro de tres días en una casa acondicionada para ello en el campo, y en mis paseos meditabundos me topé con cosas muy corrientes a las que, con la ayuda del Espíritu Santo, les saqué partido espiritual.

La casa contaba con un amplio parque muy antiguo y espacioso, con pasto bastante cuidado y tan verde, que sería el sueño de mi hijo para jugar un encuentro entre él y una pelota de fútbol, pero estaba ahí para nosotros, para elevar el alma por sobre lo creado, en el fondo.

El terreno cuidado limitaba bruscamente con un campo inculto, pelado de toda vegetación, ¿esperando mejor clima? _no lo sé_ pero sólo había residuos de antiguas cosechas y un burro que recorría insesantemente la reja de alambres que marcaban la demarcación: hacia allá, para acá y vuelta a lo mismo...arriba, abajo, y sin tener en cuenta lo que lo rodeaba.

De nuestro lado en el pasto una caballo pacía tranquilo aunque estaba atado con una soga muy larga y no parecía envidiar la libertad del borrico que caminaba a su antojo.

Yo he pensado mucho esto y le he ido dando signifiacados a los elementos descritos, pero desearía que cada uno armara su parábola para contrastar lo que me dice la escena a mí.

Me gusta imaginar y meditar cosas tan lejanas, aparentemente, con la vida, que desearía hacer el ejercicio con Uds. ¿Alguien se anima? Ya contaré algo de lo que se me ocurre a mí. Les dejo el desafío.


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