
Nunca este día ha sido antes y no lo volverá a ser jamás. El tiempo se va extendiendo ante mi como una alfombra que debo recorrer y que no he pisado nunca antes de hoy.
Es algo túrgido y prometedor, como el papel blanco ante mí, en el que puedo enborronar, escribir mi testamento o una carta de amor.
Todo para mí, pero sin retroceso posible. Si no camino por esa alfombra que Dios me ofrece, seré arrastrada por ella pues se acaba inexorablemente, y depende de mí hacer algo valioso con el talento del tiempo. Puedo hacer un borrón, pero no una cuenta nueva, salvo por el perdón de Dios que clava en la cruz esas deudas por usar la vida en algo que no sea darle gloria.

Imagen pequeña: La Incontinencia del Tiempo







