Carlos de Venezuela me pide que escriba "algo": Yo sólo deseo escribir una palabra: respeto.
He dicho lo que pensaba y he ido matizando con lo de la hermana Josefina y el mismo honestísimo Jack Celliers con su comentario que copio:
<<Si le preguntas a esa mayoría de la que hablas, es posible que digan "no creo en nada" como primera respuesta, pero si insistes un poco, muy pocos se declararán "ateos". La mayoría admitirá que "cree en dios", o en "algo". También tienes a una multitud de "católicos no practicantes", cosa que jamás entenderé qué es: gente que ES católica pero no hace nada de lo que prescribe la religión, o algunas cosas (las más cómodas digamos). Me permito trazar un límite: ateos NO son.
Personalmente prefiero a la gente cuyas creencias no le reportan ventajas.
Ateos, lo que se dice ateos, no somos tantos, me parece>>
Deseo hacer notar que lo que más le llama la atención a este hombre irreligioso (me resisto a llamarlo ateo en estado "químicamente puro") es que haga un diagnóstico tan certero de lo peor que nos puede pasar en nuestra fe: acomodarla al sentir "del siglo", de las modas imperantes; rebajar la Palabra de Dios al sentimiento que va y que viene: estamos ahítos de "mermelada", de tomadas de mano en grupos y poquito más. Diría que ayunos de doctrina , es decir de una ignorancia, culpable en muchos casos, de la fe y de comprensión de la caridad, alimentada a veces por nosotros mismos que no sabemos dar razón de nuestra esperanza pues no oramos, no estudiamos, no comprendemos que debemos hacer apostolado con el que tengamos más cerca, comenzando por el ejemplo, la acogida, la buena voluntad. Si no lo hace el más cercano, ¿quién?
Me ha gustado el intercambio de opiniones que ha suscitado el post anterior y que no esperaba tan fructífero. Este nuevo nació de un comentario que estaba escribiendo, pero que preferí ponerlo en primera plana pues estoy conmovida de algún modo nuevo por Jack, pues es tan honesto, creo,-- sin conocer mucho más de él que lo comentado acá-- que realmente pienso que si sin el don de la fe es así, ¡cómo sería de buen cristiano si la tuviera! y al revés, hay cristianos que hacen que uno se cuestione hasta qué punto el serlo le hace honor a Cristo. Por suerte no necesita nuestra coherencia en cuanto Dios: la Verdad es eterna, pero ¡cuanta mella le hacen a la Iglesia Militante!
Como conclusión: el apostolado comienza con nuestra coherencia personal, la oración, el estudio, y de modo eminente, pero también complementario con lo otro, con la caridad que da a conocer la fe junto con ayudar en las necesidades materiales si las hubiera. Digo JUNTO pues conozco muchas instituciones de Iglesia que sólo apuntan a lo que cualquier ONG podría hacer igual o mejor ( o un ministerio público) pero no dan la fe, no hacen una catequesis sistemática junto a la dádiva material, que en definitiva es lo que hace la diferencia:
Se da un tesoro que no come la polilla, ni el ladrón lo roba, ni se acaba al consumirlo: Damos a Dios.
He dicho lo que pensaba y he ido matizando con lo de la hermana Josefina y el mismo honestísimo Jack Celliers con su comentario que copio:
<<Si le preguntas a esa mayoría de la que hablas, es posible que digan "no creo en nada" como primera respuesta, pero si insistes un poco, muy pocos se declararán "ateos". La mayoría admitirá que "cree en dios", o en "algo". También tienes a una multitud de "católicos no practicantes", cosa que jamás entenderé qué es: gente que ES católica pero no hace nada de lo que prescribe la religión, o algunas cosas (las más cómodas digamos). Me permito trazar un límite: ateos NO son.
Personalmente prefiero a la gente cuyas creencias no le reportan ventajas.
Ateos, lo que se dice ateos, no somos tantos, me parece>>
Deseo hacer notar que lo que más le llama la atención a este hombre irreligioso (me resisto a llamarlo ateo en estado "químicamente puro") es que haga un diagnóstico tan certero de lo peor que nos puede pasar en nuestra fe: acomodarla al sentir "del siglo", de las modas imperantes; rebajar la Palabra de Dios al sentimiento que va y que viene: estamos ahítos de "mermelada", de tomadas de mano en grupos y poquito más. Diría que ayunos de doctrina , es decir de una ignorancia, culpable en muchos casos, de la fe y de comprensión de la caridad, alimentada a veces por nosotros mismos que no sabemos dar razón de nuestra esperanza pues no oramos, no estudiamos, no comprendemos que debemos hacer apostolado con el que tengamos más cerca, comenzando por el ejemplo, la acogida, la buena voluntad. Si no lo hace el más cercano, ¿quién?
Me ha gustado el intercambio de opiniones que ha suscitado el post anterior y que no esperaba tan fructífero. Este nuevo nació de un comentario que estaba escribiendo, pero que preferí ponerlo en primera plana pues estoy conmovida de algún modo nuevo por Jack, pues es tan honesto, creo,-- sin conocer mucho más de él que lo comentado acá-- que realmente pienso que si sin el don de la fe es así, ¡cómo sería de buen cristiano si la tuviera! y al revés, hay cristianos que hacen que uno se cuestione hasta qué punto el serlo le hace honor a Cristo. Por suerte no necesita nuestra coherencia en cuanto Dios: la Verdad es eterna, pero ¡cuanta mella le hacen a la Iglesia Militante!
Como conclusión: el apostolado comienza con nuestra coherencia personal, la oración, el estudio, y de modo eminente, pero también complementario con lo otro, con la caridad que da a conocer la fe junto con ayudar en las necesidades materiales si las hubiera. Digo JUNTO pues conozco muchas instituciones de Iglesia que sólo apuntan a lo que cualquier ONG podría hacer igual o mejor ( o un ministerio público) pero no dan la fe, no hacen una catequesis sistemática junto a la dádiva material, que en definitiva es lo que hace la diferencia:
Se da un tesoro que no come la polilla, ni el ladrón lo roba, ni se acaba al consumirlo: Damos a Dios.
***************************




